domingo, 19 de junio de 2011

12 hombres sin piedad

Obra maestra de 1957 dirigido por Sidney Lumet. Tras acabar la vista oral, el jurado se retira a deliberar. Se trata de un parricidio y todo apunta a que el muchacho es culpable, por lo que la decisión del jurado puede ser muy rápida. Pero uno de los doce miembros tiene una duda razonable sobre la culpabilidad del chico y quiere debatir las pruebas presentadas para asegurarse de que acertarán con el veredicto, puesto que si lo consideran culpable irá a la silla eléctrica a pesar de tener tan sólo 18 años.
Lumet da un recital de cine con esta cinta en la que, salvo una pequeña escena inicial y otra final, todo transcurre en una sala (y el aseo). El extraordinario guión es de Reginald Rose, adaptando su propia obra de teatro, y desarrolla un interesantísimo caso judicial con unos diálogos excelentes. La película recoge el debate que se suscita entre el jurado, doce hombres, para decidir el destino de un muchacho. Estas doce personas tienen procedencias y personalidades muy distintas, lo que van demostrando conforme el debate sube de tono. Constituye una dura crítica al sistema judicial, dejándo sus verguenzas al aire y mostrando que es un sistema más que frágil e injusto. Las interpretaciones son también geniales, con un pletórico Henry Fonda y otros de la talla de Lee J. Cobb, Jack Warden, Martin Balsam, E.G. Marshall... Lumet sabe sacar lo mejor de ellos y del guión, dando los tiempos adecuados para cada momento de las discusiones, jugando con planos cortos y otros más generales según convenga, con inteligentes movimientos de cámara. Por último, destacar también la estupenda fotografía de Boris Kaufman.
Imprescindible.

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