Película de 1984 dirigida por Milos Forman. Antonio Salieri, reputado compositor que trabajó en la corte del rey José II de Austria, está en sus últimos días y conversa con un cura a modo de confesión. Ha dedicado su vida a la música y, entendiendo que era un don de Dios, ha vivido una vida de respeto hacia los valores que pensaban que le agradaban. Pero todos los paradigmas se le hundieron cuando conoció a su adorado Mozart, un joven que distaba mucho de cualquier comportamiento honorable.
Adaptación de la obra teatral homónima de Peter Shaffer a modo de biografía de uno de los músicos y compositores más grandes de todos los tiempos: Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791). Se centra en los años principales de la vida del famoso autor cuando triunfaba en Viena con sus composiciones. Tiene una perspectiva original pues es narrada desde la óptica de otro músico que le conoció y reconoce la profunda admiración que le tenía por su talento y, por el mismo motivo, una envidia irrefrenable. Por lo tanto, esa mirada es muy humana y habitual, por lo que hace que el público le entienda aunque siga considerándole malvado. Forman cuida todos los aspectos con mucho mimo y consigue una gran puesta en escena y que brille toda la parte artística y técnica: vestuario, maquillaje, guion, música, decorados, interpretaciones, montaje, etc. Tiene calidad por todos lados y son pocos los aspectos a mejorar, como la duración ya que se excede y llega a las tres horas sin que sea necesario (quiere hacer disfrutar con las composiciones del protagonista). Entre el reparto destaca un soberbio F. Murray Abraham y un histriónico Tom Hulce que queda un poco ensombrecido.
Muy buena


