Película de 1959 dirigida por Stanley Kramer. Finalmente ha habido una guerra nuclear en el hemisferio norte y se va extendiendo la radiación por todo el planeta, esperando aniquilar la vida en cuestión de unos meses. El último bastión con vida es Australia donde la gente vive esperando la inexorable llegada de la muerte aunque aún quedan personas con la esperanza de que no termine llegando allí.
Adaptación de la novela homónima de Nevil Shute escrita durante la Guerra Fría, como es predecible, sobre un posible final de la humanidad. Kramer centra la historia en el drama e incertidumbre que vive el último grupo humano, que ellos sepan, que aún sobrevive y sufren la tensa espera de la llegada de su final. Para ello utiliza como vehículo las experiencias de un pequeño grupo de personas para mostrar la diferente manera en que lo viven, desde los que mantienen su rutina a los que se van desesperando o quieren disfrutar los últimos minutos de sus vidas. El ritmo que impone es muy lento para contagiar al espectador de la tensa espera pero esto produce probablemente un efecto variable, desde los que disfrutan de la misma hasta los que les parece aburrida. Sin duda que la cinta transmite mucha calidad artística en aspectos como la banda sonora, la fotografía, la dirección (con muchos detalles en escenas que demuestran el talento y el cuidado puesto), las interpretaciones, etc., pero la historia se enfoca en cómo viven el drama un reducido grupo de personas, con romances de por medio, y es lo opuesto a una trama vibrante en lucha contra el reloj. Cuenta con un reparto de gran nivel con Gregory Peck, Ava Gardner, Anthony Perkins y Fred Astaire al frente, por lo que es ya suficiente reclamo para verla.
Buena pero muy lenta


