Película de 1967 dirigida por Mike Nichols. Un chico regresa a casa tras graduarse en la universidad para pensar en su siguiente paso cuando algo absolutamente inesperado sucede: la esposa del socio y mejor amigo de su padre le intenta seducir. Le genera mucha inseguridad y le parece mal pero, por otro lado, se siente atraído por esa señora y le hace sentir bien. Y la situación se complica más cuando aparece la hija de la señora que regresa de la Universidad y las familias promueven su relación.
Adaptación de la novela homónima de Charles Webb y que supuso su debut, con cierta polémica por la trama de la misma. Incluso hoy para el lector o espectador es un tema que impacta aunque no con la misma intensidad que entonces. Lo mejor es el tratamiento que Nichols da a la historia, con un humor mordaz y dejando la carga sexual de forma más insinuada que mostrada, justo lo opuesto a la tendencia actual. Esto lo hace más aceptable para más tipo de público, además de más elegante y hasta más atractivo. Llaman la atención los planos que utiliza, originales y muy efectivos. El protagonista es el joven y se toma esta perspectiva, lo que convierte la primera mitad en la mejor con diferencia al ser la etapa del descubrimiento y la verguenza, pero también del deseo y la satisfacción. Y, para hacer la película más memorable, cuenta con una de las mejores bandas sonoras de la historia gracias a las composición de Simon y Garfunkel, con un disco absolutamente legendario. Sólo los títulos de crédito con el Sound of Silence acompañando, pone la carne de gallina. También destacan otros aspectos como el excelente montaje que brilla en algunos momentos o el reparto, con una pareja protagonista espectacular: Dustin Hoffman y Anne Bancroft. Algo muy curioso es que, a pesar de los pesonajes que interpretan, sólo se llevaban seis años realmente, y supuso el lanzamiento de Hoffman siendo sólo su segunda película.
Muy buena.


