Película de 1965 dirigida por Otto Preminger. Una pareja de hermanos se trasladan desde Nueva York a Londres pues a él, que trabaja como periodista, le han dado este destino. Completa la familia una niña de cinco años que es hija de la joven, que enseguida empieza la guardería. Justo el primer día llegan un poco tarde y la madre le deja con la cocinera de la escuela mientras llega la profesora. Y el drama comienza cuando acaba la jornada y la madre va a recogerla, encontrando que no está allí pero que, además, parece que nadie jamás la vio. La policía empieza una investigación y pronto encuentra que, aparentemente, no hay rastro de la existencia de la niña y que pudiera ser fruto de la imaginación de la joven.
Adaptación de la novela homónima de Evelyn Piper (realmente llamada Merriam Modell) sobre un tema que luego se ha repetido en numerosas ocasiones como es la desaparición de un menor de edad. Este hecho por sí solo ya es suficiente para generar angustia. Y ésta es potenciada cuando se empieza a cuestionar el testimonio de la propia madre, por lo que la atmósfera que consigue Preminger es de alta presión. Se introduce en el terreno psicológico y se mueve también por el drama, introduciendo personajes inquietantes que aumentan la intriga y abren las posibilidades del caso. El punto más débil es cuando se revela el desenlace porque exagera los comportamientos, pero es menor en comparación a su calidad global. Está bien realizada y cuenta con buenas actuaciones, con la suerte de incluir a Laurence Olivier entre el reparto aunque el protagonismo es para Carol Lynley y Keir Dullea.
Buena


