Película de 1960 dirigida por Michael Powell. Un joven vive obsesionado con filmar todo lo que hay a su alrededor y, especialmente, las expresiones de miedo de la gente, chicas jóvenes en concreto. Está perturbado y no puede controlar ese impulso que siente de grabar el terror de una joven y llega incluso a matarlas para ello. Hasta que conoce a una joven por el que empieza a sentir algo distinto, amor, y no quiere tratarla como a otra víctima más.
Película de culto que fue un fracaso de crítica y público que trata un tema complicado y lo hace de una forma arriesgada. Muestra un voyeurismo llevado al extremo pues lo que más le mueve al protagonista es el terror máximo que puede sufrir una persona, llegando hasta el asesinato para ello. Y el director elige tomar al espectador como otro voyeur y le permite ver desde el inicio cómo se comporta el criminal. Es decir, Powell no pretende generar misterior sobre la identidad del asesino sino quiere que el espectador vea cómo actua desde el inicio. Se convierte así en pionero en enseñar lo que se llamarían las snuff movies, aquellas que muestran el sufrimiento o hasta muerte de quien sale en ellas. Sobresale la forma en que cuenta las cosas, el punto de vista que utiliza, el hacer sentir al espectador como otro mirón (a pesar de que los momentos más sensibles no los recoge en las escenas), el uso de la música para aumentar la tensión,... hacen que haya acabado en ser un referente para muchos cineastas. Por otro lado, la forma de los crímenes y ciertas situaciones con las víctimas se ven muy poco realistas y (hoy en día al menos) no causa ningún terror, pero no era el foco de Powell.
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