Película de 2026 dirigida por Steven Spielberg. Un experto en
ciberseguridad que trabaja para una “paragencia” del gobierno americano, huye
de su trabajo con multitud de archivos secretos y un artefacto muy peculiar. Le
persiguen para evitar que lo suba a la red o lo que sea que tenga en mente. Su
novia está con él casualmente y no tiene ni idea de lo que planea, sólo le dice
que ha llegado el día de desvelar toda la verdad.
El rey Midas de Hollywood sigue teniendo ese toque mágico
que hace que el gran público se sienta atraído hacia sus películas. A
diferencia de hace décadas, ahora también orquesta una campaña en medios sociales
para levantar más expectación y asegurarse que sigue encontrando oro en sus
producciones. En este caso fue así, con una película con bastante ritmo y hábil
planteamiento que levantó una gran expectativa y la convirtió en otro éxito de
este famoso cineasta. Pero tiene más de envoltorio y de publicidad que de profundidad,
careciendo de una historia con verdaderos cimientos. En general funciona bien
con escenas de acción que tienen su firma inigualable pero repitiéndose un poco y alargando la
llegada del final, que acaba decepcionando al contemplar el vacío sobre el que
se ha construido todo. Cuenta con una pareja protagonista que va bien, con Josh
O’Connor y Emily Blunt, y el “malo” de la mano del ya veterano Colin Firth, sin
que ninguno brille como en sus mejores roles. Es increíble que la banda sonora la siga dejando en manos de su más fiel colaborador, el maestro John Williams que se va acercando al siglo de edad.
Cine palomitero


