Película de 1981 dirigida por José Luis Garci. Un detective privado y antiguo policía conocido como el Piojo, acepta otro caso de apariencia convencional: el paradero de una joven a la que su padre no ve durante años. Pronto descubre que el padre no le ha contado toda la verdad pero no deja el caso y sigue investigando, llegando a relacionarla con una red de prostitutas de lujo. Ahí el caso da un giro y empezará a recibir presiones y amenazas para dejar la búsqueda. Pero el Piojo no se rinde y sigue adelante con su ritmo tranquilo pero inexorable.
Proyecto personal de Garci que también coescribe el guion como homenaje al cine negro que tanto ama. Incluye en la historia otras de sus pasiones más personales como el boxeo, Madrid y Nueva York, y la rueda el año antes de ganar su Oscar. La trama es una investigación por parte de un detective privado sobre un aparente caso convencional que acaba teniendo mayores implicaciones de las sospechadas, por lo que es bastante clásico dentro del género. El director quiso contar con Alfredo Landa para el papel protagonista y tuvo mucha oposición de los productores por la imagen cómica y desenfadada del actor por las películas que le hicieron famoso. Finalmente lo consiguió y es una de las claves del resultado porque proporciona una naturalidad y credibilidad absoluta. También insistió en rodar en Nueva York a pesar de las dificultades que solía conllevar y acabó consiguiéndolo sin permisos y utilizando enclaves como la terminal JFK y el centro de Manhattan. Tiene una buena atmósfera, un ritmo pausado y buenas interpretaciones del equipo, además de un guion muy robusto y natural. También hay que destacar la bella banda sonora de Jesús Gluck.
Buena

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