Película de 1960 dirigida por Richard Brooks. Elmer Gantry es un vividor que tiene mucha habilidad de discurso y pocos límites morales, descubriendo por casualidad que puede generar poder y riqueza uniéndose a un movimiento evangelista encabezado por una supuesta monja que atrae a las masas. Rápidamente consigue fama gracias a sus discursos llenos de pasión y fervor, utilizando versos de la Biblia según le convengan. Todo le va bien hasta que se le cruza una antigua amante despechada.
Adaptación de la novela homónima de Sinclair Lewis escrita en 1927 y que se centra en algunas actividades evangelistas y su impacto en determinado público. Es una feroz crítica a esos movimientos cristianos que funcionan como un circo y sus habilidosos oradores que han memorizado muy bien partes de la Biblia y la utilizan como elemento convincente ante las masas de que son enviados de Dios. Pero, por otro lado, funcionan con principios mercantiles y poco o ningún interés real por la gente. Además, muestra a la prensa con su poder de juzgar y crear opinión, sin importar el impacto ni la realidad sino sólo las ventas que consigue. Es decir, es una película cargada de mensaje y que sigue siendo tan de actualidad hoy como hace varias décadas. Y Brooks deja su sello de enorme calidad en todos los aspectos, como el guion escrito por él mismo con diálogos brillantes y personajes carismáticos, la fotografía, la puesta en escena y unas soberbias interpretaciones. Todo el reparto está muy bien pero el trabajo de su protagonista, Burt Lancaster, es espectacular, está plenamente entregado a su personaje y le interpreta con brillantez, dejándolo en la memoria como uno de los personajes legendarios de este arte.
Buena.

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