lunes, 22 de agosto de 2011

M, el vampiro de Dusseldorf

Clásico de 1931 dirigida por Fritz Lang. Un asesino de niños siembra el terror en la ciudad de manera que la policía es presionada para capturar el criminal. Se hacen contínuas redadas pero sin resultado, aunque sí que está afectando al resto de maleantes. Éstos deciden también iniciar la búsqueda por su cuenta para volver a una situación normalizada.
Cuando en Hollywood estaban en pleno debate sobre el valor del cine sonoro, Lang hizo esta joya en el que demostraba lo que se podía hacer con el sonido. Una de las cosas que hizo fue enseñar que el sonido no sólo era para los diálogos, sino también para melodías, silbidos, gritos o, especialmente, resaltar el silencio. Fue una película pionera y aún hoy sorprende su modernidad. Lang demuestra su maestría con las sutilezas y el arte de sugerir, con la creación de un suspense desde el primer minuto transmitiendo una gran angustia al espectador y un monólogo final que congela la sangre. A ello contribuye genialmente la interpretación de Peter Lorre, realmente escalofriante. El retrato de Lang y Lorre del psicópata marcó una escuela que sigue vigente 70 años después.
Imprescindible.

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